Sacristía

En la sacristía se guardan los objetos y ornamentos litúrgicos. Todas ellos deben ser «dignos, decorosos y bellos, signos y símbolos de las realidades celestiales y que sirvan al esplendor del culto con dignidad y belleza». En Santa María, además, muchas de estos objetos son de gran antigüedad y han sido usados para dar gracias a Dios durante siglos y siglos. Nuestra sacristía está presidida por Cristo crucifi cado, signo de la redención de la humanidad, a cuyos pies, como en el Calvario, está situada María, su Madre. María es el camino más corto, más fácil y más seguro para llegar a Jesús.

Esta estancia de la Basílica no se vio afectada por el incendio de 1936 por lo que sus muebles, imágenes y cuadros son originales de los siglos XVIII y XIX.
La sala se halla presidida por una imagen de Cristo crucificado situada bajo un dosel de color rojo. Investigaciones recientes la identifican con el Santo Cristo tallado por el escultor renacentista Francisco de Ayala para Santa María en 1586. Desde 1983 es titular de la Penitencial Hermandad del Santísimo Cristo de la Reconciliación y Nuestra Santísima Mater Desolata, que la saca en procesión el Viernes Santo. A ambos lados, dos lienzos, seguramente del siglo XVIII, que representan el Ecce-Homo y Santa María Magdalena.
Bajo estas tres figuras, ocupando todo el frente de la estancia, hay un mueble cajonera para la custodia de ornamentos eclesiásticos construido hacia 1790 sobre el que reposan tres pequeñas urnas con imágenes. La central, de mayor tamaño, contiene la figura policromada de la Asunción de María: la Virgen asciende recostada sobre un cúmulo de nubes y sostenida por varios ángeles; fue realizada en 1735 para el retablo de la denominada Escuela de María situado en la sala del antiguo archivo del templo, aunque en la visita pastoral de 1816 ya se la menciona situada en este lugar de la sacristía. Las dos urnas laterales muestran las figuras de San Juan Nepomuceno, martirizado por defender el secreto de confesión, y de San Francisco de Paula, fundador de la orden de los Mínimos. Ambas fueron encargadas por el marqués de Carrús al escultor valenciano José Esteve Bonet, que las concluyó en febrero de 1781. Entre las citadas urnas, cuelgan dos espejos con marco de talla del siglo XVIII.
El lienzo de pared de la derecha está ocupado por otro gran mueble con cajones. Su frontal se halla adornado por una pintura ovalada de la Inmaculada Concepción de María, así como por un antiguo expositor con un cartel manuscrito en el que se recogen las oraciones que el sacerdote rezaba en el momento de revestirse para celebrar la santa misa. Sobre esta cajonera, dos fotografías enmarcadas del Papa y del Obispo de la Diócesis de Orihuela- Alicante. A su lado existe una cómoda adornada con taraceas, de mayor antigüedad, que durante años fue utilizada para la custodia de ornamentos de la sacristía de la capilla de la Comunión y también como altar de San Pedro.
Repartidos en diversos lugares de la sacristía se conservan otros lienzos. Junto a la puerta de entrada, un retrato de grandes dimensiones del ilicitano José Pons Pomares (1829-1901), nombrado abad de la Colegiata de San Nicolás de Alicante en 1880, obra del pintor alcoyano Lorenzo Pericás (1897). Al otro lado, un óleo de la Inmaculada Concepción de María. En el frente norte de la estancia hay repartidos tres cuadros que representan, respectivamente, la Muerte del Patriarca San José, la Sagrada Familia y San Francisco de Asís.

En el centro de la sala destaca una gran mesa de madera de nogal tallada en 1789. Y en el muro de la izquierda se halla situado el antiguo aguamanil realizado en mármol negro por el escultor José Artigues en 1733, aunque reconstruido en la posguerra. Este muro presenta también dos armarios de pared y dos accesos: el primero conduce al despacho del sacristán (antigua sala de la cera) y a la escalera de subida a las tribunas y camarín de la Virgen, y el segundo nos lleva a una dependencia auxiliar o antigua capilla de San Pedro. Presenta esta estancia una singular bóveda plana adornada con un gran monograma mariano tallado en la piedra. En esta dependencia se guarda durante todo el año el sagrario o urna del monumento de Jueves Santo que se levanta en la capilla de la Comunión. Es una pieza rococó tallada por el escultor Ignacio Castell, dorada por Francisco Santa y datada en 1760. La urna se eleva sobre una base apoyada en cuatro patas con forma de zarpa. De dicha base surge un cúmulo de rocallas y molduras típicamente barrocas que se culmina con un espejo de orillas irregulares. En el centro se descubre el sagrario, de forma redondeada, flanqueado por dos ángeles niños.
En esta misma estancia se custodia también el tabernáculo procesional del Corpus Christi. Se trata de una pieza, realizada en madera de ébano y plata, que imita el tabernáculo del altar mayor de Santa María. Está adornado con una serie de imágenes de plata que representan santos de especial devoción en Elche: San Pascual, San Crispín, Santa Clara, el Beato Manuel González, así como otros cuatro relacionados con los colegios religiosos ilicitanos, San Juan Bosco (Salesianos), San Josemaría Escrivá (Opus Dei), Santa Cándida María de Jesús (Hijas de Jesús) y Beato Fracisco Palau y Quer (Carmelitas Misoneras Teresianas). El conjunto cuenta con un segundo cuerpo donde se cobija la imagen de la Patrona de Elche y está rematado por la figura de la Fe. En el interior del tabernáculo se ha dispuesto la custodia de asiento, que poseía la Basílica desde finales del siglo XIX. La pieza ha sido construida por los hermanos Delgado López, orfebres sevillanos, a instancias de la Venerable y Sacramental Mayordomía del Corpus Christi de Elche, sufragada a través de aportaciones de fieles y de distintas actividades e inaugurada en la procesión de 2014.
Vemos también en esta sala una pequeña puerta, muy posiblemente la antigua puerta Chica del templo, que cambió de ubicación ya en el siglo XVIII, que nos conduce, a través de un pasillo irregular, al altar de la capilla de la Comunión.
En la sacristía se conservan diferentes ornamentos de gran riqueza, como el terno llamado «del sol», de tisú de oro bordado en plata, de finales del siglo XVIII, utilizado en las grandes solemnidades. También destacan la cruz parroquial, cincelada en plata por el orfebre alicantino Juan Bautista Cadoni (1652), y un cáliz de plata, adornado con querubines en su copa, base y nudo, que ya aparece citado en un inventario de 1602.